Todos los candidatos de la reciente campaña electoral han aludido a la importancia de las pequeñas y medianas empresas -pymes-, las sociedades que más empleo generan en pueblos y ciudades y las que más aportan al PIB, pero también las que más han sufrido las consecuencias de la crisis que se prolonga desde 2008. Ahora que los datos macroeconómicos anticipan un nuevo ciclo de recuperación, empresarios y autónomos se enfrentan a un escenario desconocido: las familias, sus clientes, no están dispuestas a gastar tanto como antes, ni a endeudarse como lo hicieron en la etapa del «boom» económico; la banca tiene que cumplir con una serie de obligaciones regulatorias que, en parte, limitan su capacidad para conceder créditos de forma masiva; y el mercado natural, el español, no basta para seguir por el camino del crecimiento empresarial.

Según los últimos datos del Directorio Central de Empresas (DIRCE), en España hay 3.114.361 empresas, de las cuales 3.110.522 (casi el 99,90%) son pymes, sociedades de hasta 249 asalariados. La realidad es mucho más llamativa si se ahonda en estos registros… En comparación con la UE, las microempresas -hasta nueve empleados- en España suponen el 95,8% del total, 3,4 puntos por encima de la estimación disponible para el conjunto de la UE en 2013 -donde se situaban en el 92,4%-. También hay una diferencia significativa en la representatividad de las empresas españolas pequeñas (3,5%), 2,9 puntos por debajo de la estimación para el conjunto de la UE (6,4%). Entre 2003 y 2013, el número total de empresas en España ha aumentado en 172.019 unidades, un incremento acumulado del 5,8% en dicho periodo. Pero en los seis años de crisis económica, se han cerrado más de 300.000 sociedades, sobre todo pequeñas.

En distribución sectorial, se observa cómo varía el tamaño en función de los sectores. Así, el 85,8% de las empresas industriales son microempresas, y de ellas el 47,4% tienen entre 1 y 9 empleados. Sin embargo, construcción y resto de servicios aglutinan el mayor número de empresas -con un 61,5% y un 55,1%- en el tramo de microempresas sin asalariados. En el sector comercio, cerca del 50% son microempresas sin asalariados y el 47% tienen entre 1 y 9 empleados. El 11,73% de las empresas del sector industria son pequeñas empresas -de 10 a 49 empleados-, porcentaje muy superior al que suponen las pequeñas empresas sobre el total de empresas -3,5%-.

En cuanto al empleo, las pymes españolas mantienen una particular importancia en su contribución a la generación de empleo empresarial, ocupando al 66% del total de trabajadores. En particular, las empresas de menor dimensión son las que emplean un mayor número de trabajadores en el tramo de las pymes. Las microempresas y las pequeñas empresas representan respectivamente el 32,6% y el 18,6% del empleo total.

Los autónomos y los pequeños empresarios suponen, además, uno de los principales focos de atención y negocio para numerosas empresas, que se fijan en este sector para ofrecerles soluciones y precios a medida de sus necesidades. El ámbito de las telecomunicaciones es el ejemplo más claro. Todas las operadoras españolas habilitan planes específicos para autónomos, desde descuentos especiales en las tarifas hasta la posibilidad de acceder a un asesor personal para resolver las dudas que puedan tener estos empresarios en su día a día con respecto a los sistemas de telecomunicaciones con los que operan. Los bancos también son otro sector que ofrece productos y servicios a medida -préstamos profesionales, tarjetas de crédito personalizadas, soluciones de financiación y cobro, etc.-.

Con esta carta de presentación, las pequeñas empresas están obligadas a definir sus modelos de negocio de cara al futuro. En primer lugar, en el campo de la financiación. Aunque vuelve a abrirse el grifo del crédito, los préstamos ya no son ni tan abundantes ni con las mismas condiciones que antaño. Las entidades financieras están obligadas a cumplir con una serie de requerimientos que les impone el Banco Central Europeo para reforzar sus balances: primero tienen que asegurar su solvencia como bancos y después podrán dar créditos.

Por ello, se abren nuevas vías para conseguir el capital necesario con el que proseguir con sus negocios. Por ejemplo, el de la Bolsa. Para una pyme pequeña, el mercado bursátil le puede parecer lejano, pero en otros países europeos, y sobre todo en EE. UU., acceder al parqué es la opción natural entre las empresas. En España, el 80% de la financiación procede del sistema bancario, pero el presidente de la Asociación Española de Banca (AEB), José María Roldán, ha indicado que la financiación para las empresas españolas irá ganando terreno en la Bolsa en detrimento de los bancos. Puso el límite en el 50%: «Es lo que ocurre en Asia y se trata de una cifra realista y suficiente», indicó el presidente de la AEB, frente a otras voces que consideran que lo ideal es alcanzar el 80% de financiación a través de los parqués, como en Reino Unido. En cualquier caso, Roldán anticipa que hasta llegar a ese momento «podrá transcurrir una década y, mientras tanto, la financiación bancaria debe seguir estando disponible».

Otra posibilidad pasa por las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR). Las 20 compañías de este sector que existen en España lograron financiación por casi 1.000 millones de euros en el último año para pymes, emprendedores y autónomos, cifra que este año quieren que ronde los 1.200 millones, según las estimaciones del presidente de la Confederación Española de Garantía Recíproca (Cesgar), José Rolando Álvarez. Para este directivo, se trata de «operaciones que los bancos nunca hubieran aprobado». Es más, indicó que el 80% de los préstamos solicitados a través de una SGR recibe financiación. En este sentido, varios informes destacan que las SGR son aún «poco conocidas», tanto por los potenciales solicitantes de financiación como por las oficinas bancarias que las conceden. Este tipo de entidades son sociedades sin ánimo de lucro que no facilitan crédito directamente, sino que avalan a pymes y autónomos ante las entidades financieras. «No somos competencia de las entidades financieras, sino sus aliados», indica José Rolando Álvarez. España es el país «más bancarizado de Europa» y los españoles tienen «el defecto» de acudir «siempre» a los bancos a pedir financiación cuando a veces estos son «un muro».

El otro gran reto al que se tienen que enfrentar muchas empresas españolas en esta etapa de previsible crecimiento económico es el de la internacionalización. Para muchas pymes, el mercado español se ha quedado pequeño, bien porque el consumo de sus clientes se ha ralentizado y no parece que vaya a crecer mucho más a medio plazo; bien porque las características de la propia empresa les impulsan a salir al exterior para comercializar sus productos o servicios en otros mercados donde existen posibilidades de triunfo en sus negocios.

Los expertos siguen señalando que la internacionalización es uno de los grandes desafíos del sector. De hecho, el presidente de la CEOE, Juan Rosell, ha indicado recientemente que se trata del elemento «más relevante de la economía española en lo que va de siglo». Rosell ha puesto de manifiesto la necesidad de reducir las barreras jurídicas de la Unión Europa para conseguir una normativa global en los mercados europeos, mientras que el consejero delegado de BusinessGoON, José Luis Martín, ha recordado que la venta es el inicio y no el final del proceso de internacionalización, ya que muchas empresas cometen el error de primero vender y después planificar. Eso sí, algunas voces también advierten del peligro que se corre cuando las empresas ven en los ingresos provenientes del extranjero una forma de subsanar las crisis internas.

En comparación con la UE, las microempresas -hasta nueve empleados- en España suponen el 95,8% del total, 3,4 puntos por encima de la estimación disponible para el conjunto de la UE en 2013 La Bolsa o las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR) suponen nuevas vías de financiación

DESPUÉS DE UNOS AÑOS DUROS, LOS PEQUEÑOS EMPRESARIOS SE CENTRAN EN LA FINANCIACIÓN Y LA INTERNACIONALIZACIÓN PARA SEGUIR CRECIENDO EN EL NUEVO CICLO ECONÓMICO