Parece que ya pocos discuten que nuestra economía ha comenzado a dar pasos positivos en la senda del crecimiento. También es cierto que los beneficios de esta nueva realidad están llegando con diferente ritmo e intensidad dependiendo del sector o área geográfica. Estamos en esa difusa frontera entre el final de la crisis y el comienzo del crecimiento consolidado. Apoyando esta declarada recuperación hay que reconocer que, por fin, las variables económicas juegan a favor. Tipos de interés en mínimos, un euro más barato que favorece las exportaciones, precio del petróleo en la parte baja de la horquilla razonable, incluso viento a favor para la reducción de impuestos y aumento del gasto público. Las expectativas -ese futuro de alto componente psicológico- son de ‘color rosa’. No obstante, el ánimo inversor no termina de arrancar. Flota en el ambiente la sensación de que cada una de las variables citadas tiene un alto componente de volatilidad, una alta dependencia de factores externos que pueden cambiar de «un día para otro». Son variables sin el menor control por parte de los responsables de la toma de decisiones de nuestras empresas. Hoy están a favor, sí, pero mañana pueden cambiar radicalmente. Pueden subir los tipos de interés, el petróleo, el euro…y «a mí me puede pillar con una inversión millonaria pendiente de amortizar».

Esos temores, esas incertidumbres están ahí y no me cabe la menor duda de que condicionan las decisiones de inversión. En esta reflexión no pretendo abordar esta disyuntiva. Tan solo me atrevo a decir que cada empresa deberá valorar este escenario conforme a su modelo de negocio, expectativas y oportunidades. Donde sí quiero incidir es en la ‘parte buena’ y sólida que nos ofrece este contexto. Se nos abre un nuevo escenario que hasta ahora estaba cerrado. El escenario de la financiación. Las medidas implementadas por el Banco Central Europea han surtido efecto y han inyectado en el mercado una ingente cantidad de dinero (liquidez) a un precio (interés) muy muy barato. Como consecuencia, las Entidades de Crédito (bancos y cooperativas de crédito) se esfuerzan en ofrecer financiación entre Particulares y Empresas, pues los demás instrumentos de inversión apenas aportan ingresos a sus Cuentas de Resultados.

Estamos ante una ocasión única. Estamos ante el ‘momento de la verdad’ de los Financieros de las Empresas, de los responsables de las finanzas, de aquellos que se ocupan de conseguir los recursos ajenos o propios que posibilitan que la empresa funcione, que no colapse, que no le falta ‘la sangre’. Muchas empresas, la mayoría, han llegado a la «orilla de la recuperación» poniendo parches financieros según surgían los innumerables problemas. Los pocos parches que podían encontrar y al precio que tenían que pagar. Toca, ahora, ‘Reparación Total’ a precio razonable. Es el momento de racionalizar, de ordenar, de estructurar y de garantizar el Pasivo del Balance, es decir, los Recursos necesarios para garantizar la viabilidad de la Empresa en el Largo Plazo.

Esa reestructuración/reordenación comprende la adecuación de los plazos de los recursos financieros -préstamos- que tengamos que utilizar (tres, cinco, 10 años); la utilización eficiente de las garantías que la empresa tiene a su disposición (personales, hipotecarias, las SGR Oinarri o/y Elkargi); los productos adecuados al objeto a financiar (descuento, factoring, confirming, préstamos, leasing, renting…); la inclusión de aliados con vocación de largo plazo en la empresa (préstamos participativos como Luzaro o Capital Riesgo)… El responsable financiero tiene que combinar estos productos y estas fuentes y no se puede escorar demasiado hacia ninguna de ellas. Las entidades financieras, con su modelo de negocio propio, son buenos proveedores de dinero. Las SGR -Oinarri y Elkargi-, los préstamos participativos, el capital riesgo son sobre todo herramientas y aliados estables en el fortalecimiento de esa estructura financiera. La labor financiera pasa por buscar el equilibrio de todos los recursos a un precio razonable, utilizando todas y cada una de estas fuentes para asegurar la diversificación y la sostenibilidad. Habrá productos más baratos y más rápidos de conseguir (también desaparecen antes cuando verdaderamente se necesitan), habrá otros más caros pero más estables, más permanentes. No nos podemos dejar cegar por un 0,25% ó un 0,50%. El trabajo a realizar no se reduce a lo más rápido y barato. Esta simplificación deja a la PYME en una posición débil que ya nos ha mostrado su cara más cruel hace unos pocos años. Lo más barato a veces resulta lo más caro en el medio plazo.

Es el momento de estabilizar, de dotar a nuestra empresa de la estructura suficiente para que pueda afrontar con equilibrio y solidez tanto el ciclo expansivo, que afortunadamente parece que se presenta, como las futuras crisis que llegarán. Y en esa tarea, las SGR del País Vasco somos pieza fundamental. Tanto por nuestra capacidad de facilitar el acceso al crédito en buenas condiciones, como por nuestro compromiso en forma de Aval. Asesoramos; ayudamos al responsable de las finanzas de la empresa -sea ésta grande o pequeña, sea micro o autónomo- a determinar la fórmula adecuada de «productos-plazos-precios-garantías» y nos involucramos con nuestro Aval-Garantía. Nos comprometemos en el largo plazo, con la PYME y con la entidad financiera. Como ha quedado dicho, el apetito inversor de las Entidades Financieras y los tipos de interés tan bajos constituyen una ocasión inmejorable. Aprovechémosla. El lujo de contar con dos de las mejores SGR del Estado, con un saber-hacer accesible a todas las empresas y comprometidas con nuestro tejido empresarial, también. Hagamos bien la tarea. Aprovechemos este momento para fortalecer la estructura financiera de la empresa y para garantizar su futuro; el de nuestra sociedad. Utilicemos todas las herramientas a nuestro alcance; son todas necesarias para el Equilibrio de la empresa a largo plazo.