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Alumbran a un líder indiscutible de las SGR españolas, que tendrá sede en San Sebastián, un consejo de 17 personas y músculo de sobra para crecer
Las dos compañías aprueban un proyecto de fusión gestado durante un año y que permitirá a la nueva firma controlar un cuarto del sector

Esta semana que hoy concluye, marcada en lo económico por la incertidumbre generada tras el llamado ‘Brexit’ y las dudas sobre cómo o quién conformará el nuevo Gobierno en España, esconde un hito importantísimo, histórico se puede decir, en lo que se refiere a Euskadi. Y es que los consejos de administración de las dos sociedades de garantía recíproca vascas (Elkargi y Oinarri) han dado su visto bueno a una fusión trabajada y negociada a lo largo de todo un año.Doce meses de tira y afloja en busca de una nueva SGR con una potencia de tiro enorme y que han culminado con éxito. Ambas firmas han dado su ‘OK’ no ya a la mera idea de aliarse o a la de abrir unas negociaciones más o menos intensas.

No. Eso ya ocurrió hace bastante tiempo. El visto bueno ha sido a todo un proyecto de fusión concreto, a una estrategia plagada de números, sinergias en negro sobre blanco y posibilidades de desarrollo futuras.

Sólo hay un pero, que los promotores del proyecto consideran resoluble, y es que la reafianzadora estatal Cersa -vital por su papel de red de seguridad en las operaciones- ha de abrir un poco más la mano a la hora de tomar riesgo.

Según ha podido confirmar DV, el plácet de los consejeros ha sido un sí rotundo a la creación de una nueva y potente sociedad de garantía recíproca, que tendrá su sede central en San Sebastián y contará con un consejo de administración conformado por 17 personas.

Será un órgano de gobierno que tratará de incorporar a todas sensibilidades heredadadas de sus ‘padres’ -un trabajo notable el de lograr que, de algún modo, estén todos cuando se pasa de 31 a 17 sillas-, y que en lo que se refiere al reparto final de los asientos responderá a la proporción que guardan hoy los balances públicos de Elkargi y Oinarri.

Sirva de pista que la relación entre una y otra empresa (según la documentación pública entregada a los reguladores) viene a ser de uno a cuatro. Es previsible que esa relación de fuerzas se traslade después a otros ámbitos de la estructura de la futura sociedad.

Sólo para observadores avezados; el proceso de adelgazamiento de los consejos de administración de las dos SGR vascas se inició allá por el mes de abril, cuando Elkargi pasó de 28 a 16 consejeros y Oinarri hizo lo propio al recortar de 23 a 15 los puestos en su sanedrín.

En este sentido, los presidentes de una y otra compañía (Josu Sánchez en el caso de Elkargi y José Ignacio Gárate, por Oinarri) han realizado un trabajo ímprobo y esencial para ‘engrasar’ ese adelgazamiento progresivo de los consejos. Su papel ha sido determinante, pues, como es lógico, no resulta sencillo cortar sin herir sensibilidades. El resultados, dicen fuentes conocedoras de la operación, ha sido el dibujo de un grupo (aún no existe como tal, puesto que tampoco ha nacido la nueva SGR) que aúna a «todos los espíritus» de las dos sociedades madre.

Para dar sólo una ligera idea de lo que está a punto de surgir -sólo con números, puesto que la dimensión real va mucho más allá en un sector en el que el tamaño y el músculo importan, y mucho- se puede ofrecer un único guarismo: 330 millones de uros. Ese es el importe estimado de los nuevos avales que formalizarán este año Elkargi y Oinarri actuando por separado.

Si se tiene en cuenta que el efecto multiplicador tradicional en las SGR ronda el uno a tres, estamos hablando de una firma que con esos 330 millones de euros podría movilizar unos 1.000 millones de euros en créditos al año en condiciones ventajosas para las empresas.

Hay que recordar que hablamos siempre de operaciones que afrontarían alguna dificultad (por no decir bastantes) en el canal habitual de la banca pero que gracias a ese papel de Cersa y del Gobierno Vasco (que también asume parte del riesgo) salen adelante apoyadas en las sociedades de garantía recíproca.

Sumar para multiplicar

Lejos de lo que pueda parecer, la operación se presenta como una suma. Y sólo como una suma. Es más, se ha gestado como un proyecto ‘de país’ que, por si fuera poco, presenta un evidente sentido económico. No es la absorción de Oinarri por parte de Elkargi, aunque a nadie se le escapa que una es mucho mayor que otra.

Y es que se trata de sumar fuerzas y capacidades, de multiplicar. La seña de identidad de esta fusión pudiera ser la complementariedad. ¿Por qué? Porque mientras Elkargi tiene su principal campo de actuación en las medianas empresas y, sobre todo, en la industria, su compañera de viaje dispone de mucha mayor penetración en los servicios, en empresas más pequeñas, micropymes, autónomos y, sobre todo, en el mundo de la economía social, donde resulta la referencia absoluta a la hora de hablar de avales.

De este modo, y según ha podido saber este periódico, los planes iniciales de los responsables de Elkargi y Oinarri pasan por que nadie sobre en la futura SGR. «No es un proyecto de sumar veinte más setenta personas para después prescindir de veinte», se ha escuchado en algunas de las muchas reuniones preparatorias de la operación.

Unas sesiones protagonizadas en su inmensa mayoría por los directores generales de ambas sociedades: Marco Pineda en el caso de Elkargi y Pío Aguirre en el de Oinarri. Han sido ellos dos los que durante un largo año han limado asperezas, han avanzado para después retroceder y volver a avanzar; en definitiva, han dado forma al proyecto que ahora ha recibido el apoyo de los dos consejos de administración. Por supuesto, y junto al desempeño de los presidentes, también sendos comités de seguimiento en una y otra SGR han vigilado de cerca el devenir de las negociaciones. Las instituciones han apoyado y acompañado en el proyecto, y los bancos (presentes como socios partícipes en las dos firmas) también han terminado por ver con buenos ojos la idea. Los reguladores tampoco han puesto pegas a la suma de dos SGR muy solventes y que les han ido informando de todos sus pasos.

Nuevas fronteras

Con 22 millones de euros de colchón en el fondo de provisiones técnicas provenientes de Elkargi (un lujo para lo que hay en el mercado) y la complentariedad entre ambas sociedades de garantía recíproca antes citada, a la nueva empresa se le abren inmensas posibilidades.

Esa suma dispondrá de una mayor fortaleza comercial y de mejor capacidad de respuesta en un mundo, el financiero, cada vez más exigente y rápido. Además, la firma podrá negociar mejores condiciones con la banca e, incluso, acudir directamente al Fondo Europeo de Inversiones (FEI). También tendrá un acceso franco con la Corporación Mondragón, heredado de Oinarri.

El tamaño (una cuarta parte de todo el sector en España) permitiría también dar pasos de mayor calado en la construcción de sistemas alternativos de financiación a las empresas o los emprendedores, y facilitaría las operaciones de coaval con otras SGR de fuera de Euskadi. Ni qué decir tiene que unidas Elkargi y Oinarri soportarán mucho mejor los crecientes gastos que la ingente regulación impone, tanto en cuestiones como auditorías como en lo que se refiere a recursos propios y reservas.

Como es lógico, la alianza permitirá a la empresa negociar con otra alegría con la propia Cersa y con el Gobierno Vasco. Y, aún más, situaría a la firma vasca en un lugar de fortaleza si el sector comenzara, como han vivido los bancos, un movimiento de concentración.

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