El presidente de la Confederación Española de Sociedades de Garantía (SGR-CESGAR), José Rolando Álvarez, reflexiona sobre la situación política y el papel clave de las SGR en España. Artículo publicado el 30-1 en EXPANSIÓN

Nos jugamos el empleo. La incertidumbre política y el marco parlamentario histórico al que nos enfrentamos, constituyen algunos de los elementos críticos para consolidar el ciclo económico alcista, por lo que parece obligado confiar en el sentido de Estado de nuestros dirigentes políticos. Confiemos también en que la sensatez y el criterio del interés general se sitúen en el frontispicio de las negociaciones políticas, porque la inestabilidad en ese ámbito también atañe, de una manera mucho más directa de lo que parece, al empleo.

Aunque con ciertas cautelas, lógicas a la luz de la experiencia, quiero compartir la tesis de los analistas que sugieren una serena y pronta superación de las dudas sobrevenidas tras el recuento electoral del pasado 20 de diciembre. Como ciudadano y como empresario, deseo para mi país un marco de estabilidad que contribuya -o permita, al menos- un adecuado desarrollo del tejido productivo en este periodo de crecimiento económico que hemos estrenado recientemente y que ha situado a España a la cabeza de la creación de empleo en Europa. Este entorno de estabilidad y de certidumbre es, no cabe duda, el mejor caldo de cultivo para el desarrollo de la actividad empresarial. Y muy especialmente, en España, para incentivar el crecimiento de las empresas de menor dimensión –el 95,3% de las empresas españolas tienen menos de diez empleados–.

Recuperado en buena medida el consumo interno, habiéndose dinamizado la actividad empresarial —y en consecuencia, el empleo—, es preciso seguir avanzando en la apertura de las vías de financiación a las micropymes (más del 95% del total de empresas españolas, insisto). Y ello, con el fin de romper más pronto que tarde la rigidez del tamaño empresarial y de superar las cuotas históricas del desempleo en España, que sigue siendo la cara más dramática de nuestro modelo productivo, aún ahora, en pleno proceso de recuperación. Y así como la actividad de las pequeñas empresas suele ser el mejor termómetro para medir el dinamismo de una sociedad, me atrevería a asegurar que la actividad de las sociedades de garantía (SGR), que son fruto de la iniciativa empresarial, es un fiel reflejo de ese dinamismo social que fluye en un país institucionalmente estable.

En España no nos podemos permitir -ni ahora ni nunca- la irresponsabilidad de frenar el crecimiento de nuestras pequeñas empresas por ignorar o banalizar los errores que ofrece el sistema de financiación a las empresas.No se entienda esta afirmación como una crítica a los bancos. En absoluto. Las entidades bancarias, que se han «reinventado» satisfactoriamente y en tiempo récord, se deben a un marco regulatorio muy exigente que limita enormemente su capacidad de maniobra. Además, ciertamente, el crédito bancario ha vuelto a fluir después de un sexenio de alarmante sequía. Sin embargo, según un reciente informe, unas 200.000 pequeñas empresas no lograron financiación durante el segundo semestre de 2015. Si hubieran logrado los recursos que demandaban, habrían podido mantener o crear más de medio millón de empleos. Si hubieran financiado sus necesidades de capital circulante, que es lo que demandan casi el 72% de las pequeñas empresas al solicitar un crédito; o sus proyectos de inversión, que era el objetivo de otro amplio grupo de pymes (23%), el panorama cambiaría enormemente.

Las empresas españolas, sobre todo las de más reducida dimensión, no están en condiciones de responder a las garantías o a los avales que, por exigencia del regulador, les reclaman las entidades bancarias para aprobar su demanda de crédito. Y en la mayor parte de las ocasiones, tampoco pueden aceptar los plazos de amortización que exige un crédito bancario. Según el informe al que me he referido anteriormente, las empresas que han acudido a una SGR para poder acceder a un crédito reconocen tres grandes ventajas: han logrado el crédito solicitado, han recibido un asesoramiento financiero adecuado y, además, han tenido la posibilidad de obtener un mayor importe que el estimado inicialmente..

Las sociedades de garantía tienen capacidad excedentaria para conceder préstamos y atesoran una solvencia adecuada. Pueden ser, en definitiva, una parte importante de la solución a ese problema acuciante que es el acceso al crédito y contribuir a hacer frente a lo que más preocupa ahora: la definitiva reactivación de nuestro mercado laboral.