Fuente: http://www.elperiodico.com

Las empresas europeas llegaron al 2008 con una dependencia excesiva de los créditos bancarios. Por ello, la crisis del sistema financiero colocó a muchas compañías en situaciones delicadas y se llevó por delante a muchas sociedades, algunas inviables pero otras que podrían haberse salvado con una estructura de financiación más diversificada y sólida. Las supervivientes tomaron nota y la financiación no bancaria se ha disparado en los últimos años en la eurozona. Pero no en todas partes: en España sigue estancada.

El último boletín económico del Banco Central Europeodestaca que tradicionalmente las empresas habían recurrido al crédito bancario como principal vía para financiar sus necesidades de inversión en capital fijo y circulante. Entre el 2002 y el 2008, los préstamos representaron el 70% de su financiación total. Sin embargo, la Gran Recesión desencadenada a partir de ese último año secó el grifo del crédito entre el 2009 y el 2010 y de nuevo entre el 2012 y el 2014. Ante ello, las compañías buscaron otras alternativas.

El peso de la financiación bancaria ha descendido al 50% si se amplía el análisis desde el 2002 a principios de este año. Una caída que se ha acelerado: en el primer trimestre del 2016, ya solo representaba el 35,4% (41,3% en el cuarto trimestre del 2008), frente al 10,1% de las emisiones de deuda (desde el 6,5%) y el 29,9% de la emisión de acciones (29,7%). En Estados Unidos los canales alternativos a la banca siempre han tenido más peso, pero aun así también han aumentado. Antes del 2009, el crédito suponía el 40%, pero posteriormente ha bajado al 25%.

CAUSAS Y EFECTOS

En España, sin embargo, los bancos aportaban el 79% de los recursos de las empresas entre el 2002 y el 2008, porcentaje que se mantiene inalterado hasta marzo del 2016. Los expertos lo achacan al menor tamaño medio de las empresas del país, que por su dimensión tienen dificultades para acceder al mercado. También a las trabas legales y al escaso desarrollo de mecanismos alternativos de financiación, así como al fuerte abaratamiento del crédito en los últimos años: del 18% en los últimos doce meses y del 45% en los últimos cuatro años. El sobrecoste que pagan las pymes españolas respecto a las europeas ha caído hasta situarse en 28 puntos básicos, según un estudio del IVIE.

España se ha quedado desmarcada de un cambio de tendencia que aplaude el BCE. “Una estructura de financiación más diversificada puede hacer que las empresas sean más resistentes ante perturbaciones que afecten al sistema bancario”, sostiene. También destaca que facilitará que su política monetaria llegue a la economía real: “Algunas de estas entidades (alternativas a los bancos) pueden ajustar sus exposiciones al riesgo, en respuesta a cambios en los ciclos económico y financiero, con mayor flexibilidad que las entidades de crédito”. Joaquín Maudos, catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Valencia e investigador del Ivie, lo matiza: “Es un factor favorable ya que permite reducir la alta dependencia de la financiación bancaria aunque el efecto del BCE es sobre grandes empresas y no sobre las pymes, de las que me preocupa el menor crecimiento del crédito nuevo, ya que refleja menos inversión”.

ALERTA BANCARIA

Los bancos, como parte interesada, admiten las ventajas, pero también subrayan los riesgos. “El ajuste del mercado es más eficaz, pero también más brusco, inmediato y profundo. En otras palabras, aunque un banco nunca puede, ni debe, financiar a clientes que han devenido en insolventes, no es menos cierto que intentará siempre ayudar a un cliente que pasa por dificultades temporales, algo especialmente válido en el modelo español de banca relacional, basada en la fidelización a largo plazo de los clientes. Por el contrario, la financiación vía mercado se caracteriza por su volatilidad, no sólo en términos de precios, sino también de cantidades”, advirtió José María Roldán, presidente de la patronal bancaria AEB, el pasado junio.

Roldán defendió que la financiación bancaria y de mercados debería ser en el continente del 50%-50%, frente al 75%-25% de Estados Unidos, por el menor tamaño medio de las empresas europeas frente a las estadounidenses. “Las pymes no pueden acceder a la financiación de mercado con facilidad; sobre todo, las pequeñas empresas dependen y seguirán dependiendo de la financiación bancaria”, aseguró Roldán

El sector, además, viene alertando desde hace años de que muchos de sus nuevos competidores están sometidos a una regulación más laxa. “Bienvenida sea la competencia que nos hace ser mejores en beneficio de nuestros clientes, pero a igualdad de actividad y de riesgos, igualdad de regulación, estemos hablando de ‘fintechs’ (empresas financieras de internet), de nuevos productos o de nuevos intermediarios que realizan funciones bancarias. Y si esto no es así lo pagarán la economía europea y los agentes económicos”, alertó Roldán.

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