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La jornada anual que organiza la Sociedad de Garantía Recíproca Elkargi cada primavera en San Sebastián, siempre clausurada por el lehendakari, se ha convertido en la cita anual del mundo económico vasco. No es un acto de empresarios; es ‘el acto’. Pese a ello, la actividad financiera de la institución, la realidad sobre quiénes están detrás y su razón de ser, forma parte de una especie de enigma para el gran público. Su presidente, el empresario alavés Josu Sánchez -también vicepresidente de la constructora y promotora Sarkis Lagunketa-, está convencido de que ha llegado el momento de la recuperación económica, que «hay que creer para crecer» y, también, de que en la genética de los vascos hay algún elemento que predispone a emprender. Elkargi acaba de concluir su fusión con la otra avalista vasca, Oinarri, para crear la mayor sociedad de garantía española. – Elkargi es un nombre que suena mucho, pero tengo la impresión de que muy pocos conocen de verdad a qué se dedica. Y no sólo la sociedad en general, sino miles de pequeños y medianos empresarios también lo desconocen. – Hay algo de eso, al menos las cifras apuntan a que es así. En Euskadi hay unas 160.000 empresas y nosotros tenemos 11.600 asociadas. Con la fusión con Oinarri llegaremos a 15.000. Apenas el 10%. – Trate de resumirme de forma sintética eso, a qué se dedica Elkargi. – Al principio de los años 80, tanto en Álava con Seabal como en Gipuzkoa con Elkargi, que acabarían fusionadas, un grupo de grandes empresarios tuvieron la misma inquietud: dar apoyo a los que eran más pequeños y tenían más dificultades para obtener créditos. Así, en un movimiento mutualista se agruparon para conseguir ese fin. Cada socio pone algunos recursos, una pequeña cantidad de dinero para ayudarse de forma conjunta. Cuando una pequeña empresa acude a un banco puede pasar que le digan que no tiene una solvencia suficiente para recibir un crédito. Ahí entra Elkargi, esa fuerza común de miles de empresarios, para conceder el aval a esa pequeña y mediana empresa con el fin de que consiga el crédito. En definitiva, le decimos al banco algo así como «tranquilo, si él no te devuelve el dinero lo haremos nosotros». La pequeña cantidad que cada uno aporta y una comisión que cobramos por cada aval, entre el 0,6% y el 1% del crédito, es lo que obtenemos como ingreso. Y el beneficio que se va acumulando nos permite crecer y atender cada vez la demanda de más avales. Así de sencillo. Además, luego entra en juego la capacidad de reavalar las operaciones – Si ustedes son útiles y tienen una estructura de mutualidad, ¿como explica que no haya más empresas que utilicen su respaldo? – Yo creo que a los empresarios les cuesta pedir ayuda, sobre todo a los pequeños. Parece que no, pero es un paso que resulta duro y al que hay que sobreponerse. El banco no me da crédito, necesito que alguien me respalde. Hay probablemente factores emocionales que impiden a muchos dar ese primer paso. – Al igual que cualquier entidad ligada a las finanzas, deduzco que durante la crisis lo habrán pasado mal. ¿Cómo han conseguido seguir vivos? – Sin duda hemos tenido nuestras dificultades, porque el acceso al crédito se endureció y también porque se disparó el número de fallidos, el número de empresas a las que avalamos y que no podían devolver sus créditos. Ahí jugó un papel clave la capacidad que tenemos de reavalar las operaciones, de diluir nuestro riesgo. Y ello porque nunca vamos solos. Nosotros asumimos entre el 30% y el 40% del riesgo, pero también involucramos a Cersa, que es la sociedad de avales del Estado, también al Gobierno vasco e, incluso, queremos meter también al Fondo Europeo de Inversiones. Repartir el riesgo, insisto, ha sido clave para sobrevivir. – ¿La financiación ha dejado de ser un quebradero de cabeza? – Digamos que ya no es acuciante, aunque aún hay problemas. Las empresas que han conseguido subsistir Asociados. Un total de 11.664 empresas forman parte de esta entidad. Tras la fusión con Oinarri, la cifra crecerá hasta 15.000.

Avales. En la actualidad, la sociedad tiene concedidos y vivos avales por un importe superior a los 755 millones de euros.

El problema de la financiación El destino de los ahorros tras la crisis, en general, tienen una estructura más sana o han conseguido reestructurar la deuda para que no sea un problema inmediato. – Euskadi tiene un problema evidente para retener centros de decisión. En un buen número de casos, por el éxito de las propias empresas que son absorbidas por multinacionales. – El mantenimiento del centro de decisión aquí es primordial. Una de las razones de nuestra fusión con Oinarri ha sido precisamente poder crecer, pero garantizando que el centro de decisión se queda en Euskadi. Tenemos también un problema de dimensión y ahí la Administración debe hacer un esfuerzo, ponerle imaginación, incentivar que las empresas contemplen fusiones como una alternativa realmente interesante. – Hace tiempo que las fundaciones bancarias BBK, Kutxa y Vital estudian la posibilidad de crear una corporación empresarial. Asumir participaciones ahora en manos de Kutxabank y actuar como inversor. ¿Le parece buena opción? – No lo sé, de verdad, desconozco ese proyecto. Pero hay que hacer algo para atraer al ahorrador a la empresa. Creo que en estos momentos hay muchas personas en el País Vasco que no saben qué hacer con sus ahorros en un escenario de tipos de interés bajos. Hay que atraer a esos ciudadanos hacia la inversión en empresas, nos jugamos el futuro. – Usted viene del mundo de la construcción. ¿Cabe pensar en la recuperación del sector o aún queda crisis para rato? – Quizá la única nota positiva hay que buscarla en el subsector de la rehabilitación, que sí apunta señales de lenta recuperación. En el resto desgraciadamente no, y no creo que en el medio plazo haya recuperación. La contratación pública en Euskadi ha pasado de 2.507 millones de euros en el año 2007 a 977 millones en 2015. Hasta junio de 2016, se han contratado solamente 459 millones. A eso hay que sumarle el estado en el que han quedado las empresas. -¿A qué se refiere exactamente? – En el año 2015, en Euskadi había 21.133 empresas de construcción frente a las 31.504 de 2007. Pero el problema no es solamente el descenso del número de empresas y de la actividad, sino también del tipo de empresa que ha subsistido. Sus balances son más débiles, con un descenso de personal importante y por tanto con una capacidad de respuesta diferente y más débil que la que tenían en 2007.

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