Los emprendedores que quieran iniciar una actividad económica deberán plantearse qué fórmula jurídica elegir. En el caso de no contar con socios pueden optar entre Sociedad Limitada (S.L.) o Anónima (S.A.) dado que tanto cooperativa, limitada laboral y anónima laboral el requisito es de al menos tres socios. En el caso de las sociedades limitadas, conlleva un desembolso inicial de 3.000 euros y en el caso de la Sociedad Anónima la inversión inicial asciende a 60.000 euros.

 

Los emprendedores se preguntarán por qué opción elegir. Si las dudas provienen entre una Sociedad Limitada o darse de alta como autónomo, ambas posibilidades tienen ventajas e inconvenientes. Darse de alta como autónomo es más rápido, en un día se puede tramitar, y no es necesario aportar capital inicial.

 

Además, el gestor de un autónomo cobra menos porque es preciso menos papeleo. En cuanto a la responsabilidad, el autónomo se convierte en empresario único y físico, lo que implica que antes posibles deudas responderá con su propio patrimonio personal como puede ser su vivienda. En el caso de la S.L., la responsabilidad está limitada al patrimonio de la empresa. Pero es en el capítulo de los impuestos donde radican las grandes diferencias. Los autónomos tributan vía IRPF mientras que la S.L. lo hace por el Impuesto de Sociedades. En cuanto a la financiación, los autónomos se encuentran con el gran hándicap. A la hora de solicitar un crédito o una subvención, el estar constituido como sociedad ofrece más puntos para lograrlo porque se supone que la sociedad inspira mayor confianza de solvencia.

 

También existe la figura de emprendedor de responsabilidad limitada. Es aquella persona física que, con limitación de responsabilidad bajo determinadas condiciones, realiza de forma habitual, personal, directa, por cuenta propia una actividad económica o profesional. En este caso, el emprendedor a diferencia del autónomo podrá limitar su responsabilidad por las deudas derivadas del ejercicio profesional. Es necesario inscribirse en el Registro Mercantil y en el Registro de la Propiedad la condición de Empresario con Responsabilidad Limitada indicando los datos de la vivienda habitual que quedará excluida de la responsabilidad de la empresa. Eso sí, el valor de la vivienda no puede superar los 300.000 euros. Como inconveniente, si el empresario está casado puede dar lugar a que sus actividades alcancen a su cónyuge. Además, tributa por tipos más elevados cuanto mayor es su volumen de renta y tiene la obligación de elaborar y depositar anualmente en el Registro Mercantil las cuentas anuales de la actividad.