Las sociedades de garantía (SGR) avalan a pymes, autónomos y emprendedores con proyectos viables ante entidades financieras y las administraciones. Sin este aval, la mayor parte de los empresarios que acuden a las SGR no podrían acceder a financiación. Junto al aval, las sociedades de garantía facilitan servicios de información, asesoramiento, formación financiera y promoción empresarial. Además, las SGR realizan actividades de negociación de líneas de financiación para pymes y autónomos y canalizan y tramitan subvenciones de administraciones públicas, que aportan un oxígeno necesario para muchos proyectos.

Si eres emprendedor, pyme o autónomo, necesitas financiación y no puedes presentar avales para lograrla, las sociedades de garantía pueden ser tu salvavidas económico. Los pasos para acceder al aval de las SGR son sencillos. Lo primero, es ver qué sociedad trabaja en tu comunidad autónoma. En la actualidad, una veintena de sociedades operan en España. En el siguiente enlace, puedes acceder al listado completo. Una vez localizada tu sociedad más cercana, puedes llamar por teléfono o visitar su página web para ponerte en contacto con alguno de sus técnicos.

El aval de las sociedades de garantía permite a la pyme obtener unas condiciones más ventajosas en su financiación, tanto en términos de tipos de intereses como en plazos y costes. La intermediación entre los empresarios y las entidades, no sólo beneficia a las pymes, también a los bancos que trabajan con ellas, ya que el aval de las SGR computa como un préstamo en la entidad financiera a efectos del consumo de recursos propios.

Para acceder al aval, los negocios deben convertirse en socios partícipes de la SGR. Además, deben aportar documentación necesaria que acredite la viabilidad del proyecto. Los técnicos de las sociedades estudiarán la operación, y no sólo se limitarán a aceptar o rechazar la operación, sino que proponen alternativas financieras mejor adaptadas a las necesidades de la pyme. Una vez aprobada la operación de aval, se comunica al socio la decisión.

A cambio de las garantías que ofrece la sociedad, el socio debe aportar una cuota de capital, necesaria para obtener la condición de socio. Esta cuota es reembolsable una vez que la operación esté cancelada. Asimismo, debe contribuir con una comisión de estudio, calculada en base al riesgo de la operación y una comisión anual de aval en porcentaje sobre el principal pendiente de amortización.

Unos costes que, no obstante, no alcanzan a los que se barajan en el sector financiero y permiten abrir muchas puertas: la principal, la del avance del proyecto, la secundaria aunque intrínsecamente vinculada a aquélla: el acceso a recursos y productos financieros.