SI EL CRÉDITO SIGUE LLEGANDO A CUENtagotas, pese a lo que digan, a las pequeñas y medianas empresas, el caso de las micropymes, los autónomos y los emprendedores es mucho más dramático. La inmensa mayoría no pasan los scoring, como se llama el primer filtro de riesgo de operaciones de financiación que hacen los bancos.

En estas situaciones es cuando entra en juego un avalista nacido en los años 80, pero todavía bastante desconocido. Las sociedades de garantía recíproca (SGR) avalan el 100% de estos préstamos, que en el 85% de los casos se piden para atender necesidades de circulante o inversiones de cierto tamaño, como la compra de una máquina, o para empezar a exportar. El resto son avales técnicos. Es decir, para optar a licitaciones públicas. Cada comunidad autónoma tiene su sociedad de garantía recíproca. Se trata de entidades sin ánimo de lucro que están respaldadas por el Estado a través de la Compañía Española de Reafianzamiento.

Uno de los grandes beneficiarios de esta figura esencial son los empresarios que trabajan en el campo. La SGR de Castilla y León, por ejemplo, tiene en vigor un programa que concede avales para créditos situados entre 6.000 y 600.000 euros con un plazo de amortización de hasta 15 años. También se han lanzado programas ligados a proyectos de internacionalización, como el firmado recientemente por BBVA, el Instituto Catalán de Finanzas (similar al ICO) y la sociedad de garantía recíproca Avalis.

Lo normal es que un emprendedor avalado por una SGR pueda optar a una financiación más barata que la que le cobraría un banco, porque se trata de una operación libre de riesgo. De hecho, el coste medio que cobra para un crédito de un millón de euros, el más habitual entre las pymes, a un plazo de cinco años es del 3,5%, según los cálculos de Cesgar, la Confederación Española de Sociedades de Garantía Recíproca. Este tipo de interés es 1,4 puntos inferior al que concedió en promedio la red bancaria el año pasado. Lógicamente, en pleno boom crediticio, cuando existía financiación para casi todo, el coste del crédito era muy similar y esa brecha no existía o era testimonial.

El tipo de interés no es el gran señuelo de estos créditos corporativos, sino los holgados plazos para la devolución de la deuda, superiores a ocho años en dos de cada tres casos. El ejemplo más frecuente de aval concedido por una SGR es una operación de 90.000 euros a ocho años. La patronal asegura que se aprueban el 85% de las solicitudes que les llegan. El baremo para pasar el corte es la viabilidad del proyecto, por encima de las garantías de devolución del préstamo.

«Nuestro nivel de morosidad es 3,5 veces inferior al de la banca para este tipo de clientes, porque nosotros entendemos mucho mejor el riesgo empresarial y, por tanto, nos equivocamos menos», señala José Rolando Álvarez Valbuena, presidente de Cesgar. Estas sociedades cuentan con técnicos en riesgos y la mayoría de los consejos de administración están formados por empresarios. Solo el 29% de los préstamos avalados tiene la consideración de dudoso, según los datos referidos al año pasado.

Para optar a un aval de este tipo, el emprendedor en cuestión debe ser socio de la sociedad de garantía recíproca que le respalda ante el banco y depositar entre el 1,5% y el 3% del importe de la financiación durante el tiempo que la garantía está en funcionamiento. Esa condición da derecho a recibir asesoramiento, formación y promoción de los proyectos. «Nuestro propósito es ser lo más cercanos posible a las pymes. Trabajamos con ellas para aprobar operaciones con condiciones que puedan asumir. El tiempo de devolución es un elemento diferenciador, a veces mucho más importante que el coste», según Cesgar.

El año pasado, las 23 sociedades de garantía recíproca que operan en España formalizaron 16.662 avales para optar a créditos valorados en 901,7 millones de euros, un 8% más que hace 12 meses. Por esta vía ya se han financiado 116.223 empresas, que dan empleo a 650.000 trabajadores en España.

Avalmadrid, una de las mayores, permitió el año pasado que 871 pymes y autónomos tuvieran liquidez para continuar con su actividad y sus planes de crecimiento, un 9% más. Su labor como intermediaria se tradujo en una financiación valorada en 85 millones de euros. El importe medio de las operaciones fue de 98.000 euros. Afigal, que opera en A Coruña y Lugo, avaló en 2014 un millar de operaciones, por valor de 35,2 millones de euros, lo que representa un incremento interanual del 23%. La vasca Oinarri, la quinta de España, formalizó garantías el año pasado por 61,1 millones de euros.

La voluntad de los bancos de aumentar el negocio con las empresas, pero sin contraer más riesgo, ha convertido a estas sociedades en su nuevo mejor amigo. Las SGR les envían clientes con proyectos empresariales previamente monitorizados por ellas. Eso ha animado a algunas entidades, comenzando por el Santander y siguiendo por el Sabadell, a firmar convenios con la confederación, que vienen a sustituir a los que suelen suscribir con carácter regional, que era la práctica común hasta ahora. La patronal asegura que el 97% de la banca tiene acuerdos con alguna SGR.

Estas entidades también han notado un punto de inflexión positivo en la actividad empresarial. Según sus previsiones, este año esperan un crecimiento de entre el 12% y el 15% de la financiación concedida a este ecosistema de pequeñas compañías.

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EL AÑO PASADO, LAS SGR AVALARON OPERACIONES DE FINANCIACIÓN POR UN IMPORTE DE 901 MILLONES DAN ACCESO A PRÉSTAMOS HASTA 1,5 PUNTOS MÁS BARATOS Y A PLAZOS DE OCHO AÑOS

RECÍPROCA FACILITAN FINANCIACIÓN A AQUELLAS MICROPYMES Y AUTÓNOMOS QUE SON RECHAZADOS POR LOS BANCOS La primera solución integral para el desarrollo de las pymes.